Mirada profunda (Carta a mi padre)

Aquí estamos de nuevo. Con déficit de palabras que en conjunto suenen distintas a lo que siempre, o casi siempre, expresamos. Y eso que el calendario nos da suficientes días entre fechas especiales como para preparar algo. Ya hace tiempo que ando buscando algo conmovedor y sería una excelente noticia que lo encontrara hoy, en este momento, para ti. Pero temo que no tengamos tanta suerte. 

Haré uso de la confianza que te tengo e infinita comprensión que me tienes pues… No encuentro qué escribir por la absurda razón de que no me gusta repetirme, como si yo fuera el mismo Sabina a quien no le gusta hacer compilaciones de grandes temas o re-ediciones de sus éxitos de crítica y público. Y entonces entro en estas pequeñas épocas en donde me parece que no vale la pena que alguien invierta tiempo en mis palabras. Y esto, papá, no deseo que se confunda o se piense que estoy triste. No, para nada.Yo, por estas cosas mías, no me pongo triste. No creo que sea una gran pérdida para los demás el no leerme. A veces pasa así, y es como los días frente al espejo, que en ocasiones uno piensa que se va a romper nada más de reflejarte por la mala pinta que traemos, y otras ocasiones parece que te deberían de dar un premio. 

En lo personal me causa un poco de pesar no poder tener esta maravillosa capacidad de mi adorado hermano para expresar como un genio el increíble padre que tenemos. La música nos entra naturalmente hasta el fondo del alma para no irse casi nunca, y hay algunos que lo hacen mejor que otros. Cracks, les llaman, tu hijo menor es uno. Después de haber escuchado la canción de Arturo, y de una vez confieso que fue días atrás, uno tiene la impresión de que no queda nada por decir y que, además, lo ya dicho no podría expresarse de mejor manera. Ya hemos hablado tanto él como yo, como la mitad de las personas que te conocen, de este tipo con ojos buenos y voz profunda. Cálido, mil veces cálido. Serio y con manos como las de un San Bernardo. Un guía de infinita bondad, protector, y al que le agradecemos mil complicidades. Un tipo que, como a todos, el cuerpo se le agota al final del día, al final de la semana, después de un mes complicado. Con la diferencia de que a este tipo su cabeza nunca se le detiene, su mente no conoce el descanso, así está hecha… Invencible, indomable. Mil revoluciones, 24 horas / 7 días y por eso es que siempre tienes esa mirada sin fondo, y si uno quisiera saber a través de tus ojos qué es lo que piensas se tuviera que adentrar en la cerrada selva en tus adentros. 

Hoy entonces convoco a ese tipo con el que terminé el párrafo anterior. El de la mirada de abismo, el de las grandes ideas, el de las grandes historias, el que se centra en la terraza de su casa, manos juntas a la espalda y ve al horizonte como si estuviera viendo un océano inmenso, para después sacar la brújula del bolsillo y fijar un rumbo a lo incierto, a lo que más le podría emocionar. Convoco al que tiene un Quijote en el pecho, no solo colgados a gis en su oficina. A ese genio realizador de fantasías, soñador diurno, nostálgico cuando cuenta historias de soldados, al historiador y al corsario. Al desvelado y al caprichoso. Al que conoce los caminos y también tiene pata de palo. 

Ya lo veo mirando la brújula, se hace tarde hoy, pero mañana habrá viento suficiente y el anhelo de una nueva aventura que cerca o lejos estará para él. Siempre ha mantenido unida a una gran tripulación, incluso es posible que tenga toda una flota a su cargo, sumamente poderosos juntos, y cómo no? Si está el líder mayor sonriendo al horizonte mientras la brisa le golpea el rostro, y todos sabemos que esto saldrá bien. No cabe duda, por amor a la aventura, tendremos peligros, riesgos, monstruos y el mismo mar, en ocasiones, en nuestra contra, pero todo saldrá bien.  Está el adecuado al mando. El que más sabe. El valiente por excelencia y tenemos las mejores naves y el más grande océano. 

Aún así, es tal la admiración, es tal la confianza, es tal la sonrisa, es tal la mirada y es tal la voz que, sin brújula, con mal viento, tormenta y una lancha hecha aguas él puede decir un rumbo y yo contestaría… 

“Oh capitán, mi capitán.”

Junio 15, 2014

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