Carta para no dar abrazos

 

Me he sentado por obligación a escribirte hoy, amigo mío. Plasmo sobre la pantalla estas líneas con el ceño fruncido y la boca torcida, ya que preferiría darte un abrazo por unos minutos sin decir palabra alguna. Tal vez así, medito, me pueda ahorrar algunas lágrimas.

Heme aquí diseñando la lista de canciones que servirán de fondo para redactar estas ideas. No ha sido cosa fácil, ninguna me parece suficiente cuando se trata de ti. Ya ves que, de unos años para acá, yo soy el pasajero y tú el chofer en esto de la música. Ha sido el mejor viaje de mi vida, sin duda.

Antes de que siga divagando, quisiera comentar ciertas cosas que estoy dispuesto a celebrar hoy. Me permito celebrar entre tiempos libres tu carcajada que no tiene igual. No la percibo ni de niño ni de hombre, es una carcajada sin freno, de esas en las que a los demás no nos queda más remedio que responder con otra, que es por supuesto mucho menos brillante.  Me permito brindar durante mis comidas hoy tu talentosa manera de ser, tu lado más deslumbrante, ese talento abrumador y explosivo que domina tus días. Apuesto a que nadie se dio cuenta tan temprano como yo de eso. Natural e inevitable como la lluvia o el polvo. Más aún, con mi mejor sonrisa, celebro tu compañía permanente, el cómplice incondicional que me platica, las palabras que me dejan con tu mano en el hombro, lo genial que es no poderte describir con justicia cuando platico con otras personas y siempre debo terminar con la frase “En fin, tendrías que conocerlo”. Hasta ahora entiendo que un tipo como tú, solamente pudo haber visto la luz por vez primera en el pleno corazón del verano.

Sé que hay tiempos en los que escasean las certezas, así que hoy te regalo una. Puedes quedarte con la certeza de que toda la vida será un gusto estar contigo hombro con hombro. He pensado, ¿quién no quisiera ser Watson? Con un Sherlock Holmes como tú. Ha sido un honor cada canción a tu lado, cada bosque recorrido a cuatro patas, cada sueño compartido, cada travesura, cada secreto, y cada guerra ganada o perdida.

Ya me despido,  antes de comenzar a platicarles las maravillas de tener un hermano menor de nombre Arturo. Nunca me gustaron mucho los clichés, el “felicidades” sale sobrando. Qué va! Al fin y al cabo, sigo con el ceño fruncido y la boca torcida. Yo lo que quería era darte un abrazo.

 

Para ti, hermano.

Julio 23, 2013 

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4 respuestas a Carta para no dar abrazos

  1. Arturo Del Ángel dijo:

    Esa certeza nunca se ha ido y es la misma que siempre te regalaré. Estoy a tu lado. Realmente la emoción me tiene nublado y no sé ni siquiera que escribir. Pero este abrazo no nada más fue de palabras, fue desde la médula. Te quiero, y me podré perder en el rol que me toque vivir, pero no en el de ser tu hermano. Eres mi orgullo y carta de presentación. Dios te bendiga, escritor…

    Tu hermano menor.

  2. martha gastelum dijo:

    DIOS LOS BENDIGA JAVIER Y ARTURO ,,,, HERMANOS EJEMPLARES, SON UNICOS NI MODO SON OBRA DE PATY Y JAVIER,,, FELICIDADES A LOS 4… MARTHA G

  3. Alejandro Inzunza dijo:

    Una virtud mas ….que yo no te conocia. Excelente

  4. Patricia Gpe. Beltrán Inzunza dijo:

    Qué decir… vuelvo a leer y cada una de tus palabras me cimbra el corazón… Sabes cuánto te quiero y te admiro…

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