El aprendiz de exorcista

Sé que ya me he dicho muchas veces que no mire hacia atrás, como bien dicen los geniales Héroes del Silencio. Y es verdad que es un excelente consejo, no vaya a ser que termine deshaciendo el mundo… Además de que el pasado, efectivamente, no tiene nada nuevo qué ofrecer mantiene penando a toda clase de fantasmas. Desde los más sutiles hasta los más conspicuos y salvajes, en mi pasado, reciben pensión. Así es, comida y techo para fantasmas y demonios en la casa embrujada de los viejos tiempos. Ahí pasan sus días, reposando y cargando energías, jugando dominó, viendo la televisión, aguardando el instante en el que un detalle, cualquier cosa, me regrese un poco a su alcance cronológico. Lo más grave no es el espanto que generan, es que ya casi todos se hicieron amigos, y cuando me topo con alguno se escurre dentro de mí y enseguida pretende hacer una reunión con los demás. Como no pretendo seguirles patrocinando sus diabluras, de inmediato busco mis herramientas autoexorcistas que pueden ir desde mi guitarra hasta una plática en particular. Lógicamente, me parece molesto que se haga una fiesta a mis costillas, que para colmo no es en mi honor.

El periodo para expulsar a los inquilinos no deseados puede ser variado según sea el tamaño y poder de estos, desde una sesión de una o dos horas hasta varias sesiones de tiempo indefinido. Recuerdo uno de no hace mucho, incluso con un poco de cariño, que duró cerca de dos meses. Escribo de ello porque fue anoche cuando llegó uno sin siquiera sospecharlo, no anunció llegada y saltó a través de una llamada sin contestar, después de una pregunta sin respuesta. De inmediato fui por mi leal compañera de seis cuerdas, pero la guitarra ayer no sirvió de mucho, cosa rara y preocupante. Hoy me dispuse a entrar en “el rito” con ánimos renovados y la mañana no andaba cooperando, sin embargo me encontré por aquí con algunas ideas, por fortuna. La palabra escrita siempre es una buena ventana por la cual observar el paisaje. Fue por este medio que vino el inicio de la expulsión. No fue tan complicado una vez que se encontró la forma adecuada, aunque hubo gritos y resistencia. Nos gritamos y aún herido este fantasma hizo alarde de recuerdos no gratos para fortalecerse,  aquí entre nos, estuvo a punto de ganar terreno.

Aún estuvimos round tras round un par de horas más, con el final incierto y los brazos cada vez más cansados. No hay por qué alarmarse, sigue sin rendirse totalmente, pero para estas horas ya lo tengo por el cuello…

Junio, 2013

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Una respuesta a El aprendiz de exorcista

  1. Arturo Del Ángel dijo:

    No cualquiera gana esas batallas. Lo peor es quienes no han notado todos esos fantasmas dentro de sí. Sé que tienes a varios por el cuello. No más fiestas de fantasmas y demonios.

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