Serán nostalgias?

De antes de que se fuera esa viejita…

No es común que una persona que se considera a si mismo como adulto se detenga a pensar en los múltiples miedos que le han aquejado durante su infancia. No creo que sea común; las prisas, los pendientes, el agobio; qué sé yo? El calor, el frío, a quienes les aqueja en demasía el clima; las cuentas, los pagos, y también los miedos actuales, los miedos de personas adultas; todos en conjunto, y cada uno, evitan que los adultos se detengan un instante y piensen en los miedos de cuando niño.

Cuando era niño muchas cosas me daban miedo, siempre me he considerado un miedoso.

Cruzar un pasillo a oscuras podía ser eterno, podía ser sufrido, e incluso podía, en el peor panorama, no ser posible. Despertar a la mitad de la noche, no poder volver a perder la conciencia por pensar en ruidos inexistentes, en sombras que cobran formas amenazantes, en historias de fantasmas… Hace tiempo que han sido dominadas todas estas amenazas terrorífica. No quiere decir que ya no me den miedo, claro está. No sé, tal vez con el paso del tiempo las fui conociendo más hasta co-existir. No tengo problema en considerarme un niño miedoso. Un niño miedoso, que ha resultado hoy, lógicamente, en un adulto miedoso también. Siendo adulto los miedos tienden a ser bautizados con nombres particulares: el futuro, la soledad, la enfermedad, las despedidas.

No hay que mal entender, me refiero al futuro como la incertidumbre, la carencia de planes, el mundo moviéndose hacia adelante mientras uno parece estar estancado; me refiero a la soledad en términos desesperanzados, en etapa irrevocable; no a una deliciosa tarde de soledad, me refiero al silencio perpetuo; me refiero a las despedidas sin opción, al miedo a despedirte un mal día de estos de alguno, o de más de uno, a despedirte de una persona, sin saber qué decir… Adiós..? Te quiero..? Me lo he preguntado más de una vez. Me da un poco de miedo, pensar en ello, digo, todos nos vamos a ir. La despedida sucederá, nosotros despediremos a unos y, a nosotros, otros nos despedirán. Y cuando suceda se hablará de este, se platicarán, entre los que estén, de las innumerables virtudes del despedido. No sé muy bien por qué, pero siempre pasa. Hasta de gente ruin se puede hablar con inclinación positiva. Ya me ha tocado algo así como: “Con todo y lo que hacía, siempre cuidó de sus hermanos”, “A pesar de haber ido por mal camino quería mucho a su mamá”. Bueno, pues claro que sí, y habrá otros que sin cuidar hermanos ni querer a su mamá hayan tenido bonita sonrisa, o hayan sido alegres en las fiestas, y seguramente de eso hablarán los aún presentes para honrar la memoria del ya despedido, y muy posiblemente extrañado.

Pensar en las despedidas más próximas, lógicamente nos lleva a meditar que serán las de los viejos. Los abuelos y abuelas, que ya no son todo lo que eran, y a la vez son más. Los preocupantes ancianos… Se les acerca el día y, de a poco, observas las nubes grises que nacen en sus cabezas, que los cercan, que les adormecen los recuerdos y los alrededores… Cuando uno se detiene un rato, pensando en el adiós que amenaza, lo único que se me ocurre es pedir que no los atrape la soledad de la que hablo, que es más temible que la misma muerte. La soledad casi siempre viene triste, y la muerte puede ser un Don Juan cuando le da su gana. Pinche soledad, espero no puedas meterte entre las arrugas de la memoria.

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Mirada profunda (Carta a mi padre)

Aquí estamos de nuevo. Con déficit de palabras que en conjunto suenen distintas a lo que siempre, o casi siempre, expresamos. Y eso que el calendario nos da suficientes días entre fechas especiales como para preparar algo. Ya hace tiempo que ando buscando algo conmovedor y sería una excelente noticia que lo encontrara hoy, en este momento, para ti. Pero temo que no tengamos tanta suerte. 

Haré uso de la confianza que te tengo e infinita comprensión que me tienes pues… No encuentro qué escribir por la absurda razón de que no me gusta repetirme, como si yo fuera el mismo Sabina a quien no le gusta hacer compilaciones de grandes temas o re-ediciones de sus éxitos de crítica y público. Y entonces entro en estas pequeñas épocas en donde me parece que no vale la pena que alguien invierta tiempo en mis palabras. Y esto, papá, no deseo que se confunda o se piense que estoy triste. No, para nada.Yo, por estas cosas mías, no me pongo triste. No creo que sea una gran pérdida para los demás el no leerme. A veces pasa así, y es como los días frente al espejo, que en ocasiones uno piensa que se va a romper nada más de reflejarte por la mala pinta que traemos, y otras ocasiones parece que te deberían de dar un premio. 

En lo personal me causa un poco de pesar no poder tener esta maravillosa capacidad de mi adorado hermano para expresar como un genio el increíble padre que tenemos. La música nos entra naturalmente hasta el fondo del alma para no irse casi nunca, y hay algunos que lo hacen mejor que otros. Cracks, les llaman, tu hijo menor es uno. Después de haber escuchado la canción de Arturo, y de una vez confieso que fue días atrás, uno tiene la impresión de que no queda nada por decir y que, además, lo ya dicho no podría expresarse de mejor manera. Ya hemos hablado tanto él como yo, como la mitad de las personas que te conocen, de este tipo con ojos buenos y voz profunda. Cálido, mil veces cálido. Serio y con manos como las de un San Bernardo. Un guía de infinita bondad, protector, y al que le agradecemos mil complicidades. Un tipo que, como a todos, el cuerpo se le agota al final del día, al final de la semana, después de un mes complicado. Con la diferencia de que a este tipo su cabeza nunca se le detiene, su mente no conoce el descanso, así está hecha… Invencible, indomable. Mil revoluciones, 24 horas / 7 días y por eso es que siempre tienes esa mirada sin fondo, y si uno quisiera saber a través de tus ojos qué es lo que piensas se tuviera que adentrar en la cerrada selva en tus adentros. 

Hoy entonces convoco a ese tipo con el que terminé el párrafo anterior. El de la mirada de abismo, el de las grandes ideas, el de las grandes historias, el que se centra en la terraza de su casa, manos juntas a la espalda y ve al horizonte como si estuviera viendo un océano inmenso, para después sacar la brújula del bolsillo y fijar un rumbo a lo incierto, a lo que más le podría emocionar. Convoco al que tiene un Quijote en el pecho, no solo colgados a gis en su oficina. A ese genio realizador de fantasías, soñador diurno, nostálgico cuando cuenta historias de soldados, al historiador y al corsario. Al desvelado y al caprichoso. Al que conoce los caminos y también tiene pata de palo. 

Ya lo veo mirando la brújula, se hace tarde hoy, pero mañana habrá viento suficiente y el anhelo de una nueva aventura que cerca o lejos estará para él. Siempre ha mantenido unida a una gran tripulación, incluso es posible que tenga toda una flota a su cargo, sumamente poderosos juntos, y cómo no? Si está el líder mayor sonriendo al horizonte mientras la brisa le golpea el rostro, y todos sabemos que esto saldrá bien. No cabe duda, por amor a la aventura, tendremos peligros, riesgos, monstruos y el mismo mar, en ocasiones, en nuestra contra, pero todo saldrá bien.  Está el adecuado al mando. El que más sabe. El valiente por excelencia y tenemos las mejores naves y el más grande océano. 

Aún así, es tal la admiración, es tal la confianza, es tal la sonrisa, es tal la mirada y es tal la voz que, sin brújula, con mal viento, tormenta y una lancha hecha aguas él puede decir un rumbo y yo contestaría… 

“Oh capitán, mi capitán.”

Junio 15, 2014

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Con respecto al día de Sta. Cecilia

Del día 22 de Noviembre, extraído de una plática con mi hermano.

Hoy es el día del músico. Me han felicitado unas 5 personas hasta el momento y en mi huso horario aún no se ha llegado al mediodía. Es un menester que encuentro curioso, de principio, por dos razones: yo mismo no he estado consciente de la existencia de “un día del músico” en el último par de años, a pesar de reiterados recordatorios y, la otra, no me considero uno. Dejando de lado esta despistada situación, puedo pensar que lo he intentado y tal vez no he estado muy lejos de serlo, incluso puede que haya estado cerca por momentos.

Toda esta sorpresiva situación me ha dejado algo pensativo y he llegado a la conclusión, ya asidua en mí, de que no soy un aficionado a las felicitaciones. Por lo menos, si yo fuera músico no estaría esperando a que me felicitaran, y no por ser un amargado ingrato al que le da igual si se acuerdan de él o no. No lo esperaría porque no encuentro el punto al cual amarrar la felicitación. Yo creo que, si fuera músico,  este día me pasaría por la tarde limpiando cualquiera que fuese mi instrumento, tal vez a una guitarra le compraría un juego de cuerdas nuevo, o bien, una lengüeta al que sería mi querido saxofón, encontraría un buen paño y comenzaría pacientemente a pulir el cuerpo femenino de mi fiel compañera o lustraría los brillantes ornamentos del elegante saxofón. Tal vez hoy no tocaría nada y solamente escucharía los álbumes preferidos de mis ídolos. O quizás podría pasear un rato por los alrededores imaginando melodías.

Yo me imagino que los músicos, inclusive, no tienen mucha idea del nombre de los días en los que viven. Si uno, por momentos se pierde entre tiempo y espacio, ya me veo en el interior de la cabeza de un músico con millones de canciones escuchadas atiborradas, miles de ideas sobre las cuales escribir melodías, cantidad de escalas que, dependiendo de la instrucción de cada uno, pueden o no tener nombre. Me parece que probablemente tengan muchas más cosas de mayor importancia que enaltecerse en el día que les han obsequiado.

Yo me alegro por ti, mi musical hermano. Me alegro de que tengas este día que te hará recordar que, por sobretodo, hay que disfrutar cada uno de los de tu vida. Que cada experiencia dulce y amarga tiene mínimamente un dejo de encanto, y de eso los músicos, creo, tienen basto conocimiento.

No sé si vaya yo, estrictamente, a felicitar a alguno hoy solo porque es su día. Los felicito por su decisión de entregarse a una magia casi palpable. Sería más fácil que entendieran una felicitación así. Estoy tentado a apostar que la mayoría de los músicos ni siquiera les ha pasado por la cabeza que hoy es simplemente Viernes 22 de Noviembre.

 

Noviembre, 2013.

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Carta para no dar abrazos

 

Me he sentado por obligación a escribirte hoy, amigo mío. Plasmo sobre la pantalla estas líneas con el ceño fruncido y la boca torcida, ya que preferiría darte un abrazo por unos minutos sin decir palabra alguna. Tal vez así, medito, me pueda ahorrar algunas lágrimas.

Heme aquí diseñando la lista de canciones que servirán de fondo para redactar estas ideas. No ha sido cosa fácil, ninguna me parece suficiente cuando se trata de ti. Ya ves que, de unos años para acá, yo soy el pasajero y tú el chofer en esto de la música. Ha sido el mejor viaje de mi vida, sin duda.

Antes de que siga divagando, quisiera comentar ciertas cosas que estoy dispuesto a celebrar hoy. Me permito celebrar entre tiempos libres tu carcajada que no tiene igual. No la percibo ni de niño ni de hombre, es una carcajada sin freno, de esas en las que a los demás no nos queda más remedio que responder con otra, que es por supuesto mucho menos brillante.  Me permito brindar durante mis comidas hoy tu talentosa manera de ser, tu lado más deslumbrante, ese talento abrumador y explosivo que domina tus días. Apuesto a que nadie se dio cuenta tan temprano como yo de eso. Natural e inevitable como la lluvia o el polvo. Más aún, con mi mejor sonrisa, celebro tu compañía permanente, el cómplice incondicional que me platica, las palabras que me dejan con tu mano en el hombro, lo genial que es no poderte describir con justicia cuando platico con otras personas y siempre debo terminar con la frase “En fin, tendrías que conocerlo”. Hasta ahora entiendo que un tipo como tú, solamente pudo haber visto la luz por vez primera en el pleno corazón del verano.

Sé que hay tiempos en los que escasean las certezas, así que hoy te regalo una. Puedes quedarte con la certeza de que toda la vida será un gusto estar contigo hombro con hombro. He pensado, ¿quién no quisiera ser Watson? Con un Sherlock Holmes como tú. Ha sido un honor cada canción a tu lado, cada bosque recorrido a cuatro patas, cada sueño compartido, cada travesura, cada secreto, y cada guerra ganada o perdida.

Ya me despido,  antes de comenzar a platicarles las maravillas de tener un hermano menor de nombre Arturo. Nunca me gustaron mucho los clichés, el “felicidades” sale sobrando. Qué va! Al fin y al cabo, sigo con el ceño fruncido y la boca torcida. Yo lo que quería era darte un abrazo.

 

Para ti, hermano.

Julio 23, 2013 

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El aprendiz de exorcista

Sé que ya me he dicho muchas veces que no mire hacia atrás, como bien dicen los geniales Héroes del Silencio. Y es verdad que es un excelente consejo, no vaya a ser que termine deshaciendo el mundo… Además de que el pasado, efectivamente, no tiene nada nuevo qué ofrecer mantiene penando a toda clase de fantasmas. Desde los más sutiles hasta los más conspicuos y salvajes, en mi pasado, reciben pensión. Así es, comida y techo para fantasmas y demonios en la casa embrujada de los viejos tiempos. Ahí pasan sus días, reposando y cargando energías, jugando dominó, viendo la televisión, aguardando el instante en el que un detalle, cualquier cosa, me regrese un poco a su alcance cronológico. Lo más grave no es el espanto que generan, es que ya casi todos se hicieron amigos, y cuando me topo con alguno se escurre dentro de mí y enseguida pretende hacer una reunión con los demás. Como no pretendo seguirles patrocinando sus diabluras, de inmediato busco mis herramientas autoexorcistas que pueden ir desde mi guitarra hasta una plática en particular. Lógicamente, me parece molesto que se haga una fiesta a mis costillas, que para colmo no es en mi honor.

El periodo para expulsar a los inquilinos no deseados puede ser variado según sea el tamaño y poder de estos, desde una sesión de una o dos horas hasta varias sesiones de tiempo indefinido. Recuerdo uno de no hace mucho, incluso con un poco de cariño, que duró cerca de dos meses. Escribo de ello porque fue anoche cuando llegó uno sin siquiera sospecharlo, no anunció llegada y saltó a través de una llamada sin contestar, después de una pregunta sin respuesta. De inmediato fui por mi leal compañera de seis cuerdas, pero la guitarra ayer no sirvió de mucho, cosa rara y preocupante. Hoy me dispuse a entrar en “el rito” con ánimos renovados y la mañana no andaba cooperando, sin embargo me encontré por aquí con algunas ideas, por fortuna. La palabra escrita siempre es una buena ventana por la cual observar el paisaje. Fue por este medio que vino el inicio de la expulsión. No fue tan complicado una vez que se encontró la forma adecuada, aunque hubo gritos y resistencia. Nos gritamos y aún herido este fantasma hizo alarde de recuerdos no gratos para fortalecerse,  aquí entre nos, estuvo a punto de ganar terreno.

Aún estuvimos round tras round un par de horas más, con el final incierto y los brazos cada vez más cansados. No hay por qué alarmarse, sigue sin rendirse totalmente, pero para estas horas ya lo tengo por el cuello…

Junio, 2013

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A propósito del diablo…

De ninguna manera hubiese creído que mi segunda entrada en este, ya querido, portal tendría semejante título. Poner como sustantivo esta famosa palabra, podría generar más expectación de la que merezco. Y es que, de forma casi inalterable, el diablo siembra curiosidad en el menor de los casos. Sea uno creyente,  ateo, cualquiera de los dos o incluso un punto intermedio dependiendo de los días, se tiene una inevitable reacción ante el diablo. Más aún si te lo encuentras de forma escrita. De ahí que se requiere de cierto valor para publicar algo que hable de ello.

Bueno, fue esta reacción (en mi caso: curiosidad) la causante de mi caída ante esta historia. Me generaba comezón por las tardes, o no dejaba de molestarme durante las noches. Alimentaba la expectativa durante días, y después la dejaba sin comer por semanas. Así que, después de meses de meditarlo, me decidí a abrir el libro que, de cierta forma, cambió mi perspectiva sobre asuntos de primera importancia. Esos menesteres que tienen que ver con las relaciones humanas. A su vez, fue compañía y debate dependiendo del horario. Por las noches, hasta podía platicar con cada protagonista y comentarles lo errado o acertado de sus decisiones. Un libro que está escrito abierto al diálogo, me parece imperdible.

Deseo aclarar que estas líneas no pretenden ser un homenaje, mis palabras no le hacen justicia a Velasco ni a su obra. Esto es una invitación, esto es un agradecimiento. Este diablo tiene de viejo 10 años, y hoy en día aún más que ofrecer que cuando vio la luz por primera vez. Digamos le hace justicia al refrán.

Se vive esta historia empapado de la esencia de la ciudad de México y olfateando los hot-dogs neoyorquinos. Conociendo personajes de los que todos tenemos un poco y anhelamos tener otro tanto. Seres en quienes te reconoces con orgullo y repugnancia. Viví capítulos odiándolos y otros más queriéndolos. Entre desfalcos, tiendas departamentales, hoteles, drogas, amores, desamores y soledades se escucha “The Passenger” de Iggy Pop y uno sigue devorando páginas.

Gracias, Xavier. El premio más grande lo recibimos cada uno de tus lectores con tu historia. Yo ya no puedo esperar a leer “Mi Violetta”, como no pude esperar a ser un “diablo guardián” a mi muy desparpajada manera.

Hasta pronto.

Javier.

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Bazar en La menor

La casi imposible tarea de qué escribir como primera entrada, sin querer, la realicé hace tiempo. No fue tan difícil elegirla, sin embargo fue una batalla decidirme a publicarla.

El camino de tierra suelta, que me observa apacible bajo mis pasos, me tiene de cómplice hace unos cuantos días. Me ha hecho compañía mientras voy adquiriendo momentos de los estantes a mis costados. Recuerdos, risas, lecciones, anécdotas, noticias, sorpresas, tristezas… instantes de todo tipo. El sol, por lo general inclemente, no ha querido molestar mucho así que no estoy cansado. Algunos momentos pido que me los envuelvan para regalo, otros nada más les pido que les quiten el polvo y ya estoy pensando dónde ponerlos. A día de hoy sigo pagando cada uno a precio justo y sonriéndole a cada mercader. No sé dónde voy a meter todo para cuando me vaya, aunque no será pronto. Y aunque no será pronto, quisiera marcharme con todos mis cachivaches antes de que lleguen las hormigas…

Abril 2013

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